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UN DULCE VIAJE EN TREN

En tu escrito se denota un gran nivel de: tristeza , disconformidad, rabia, dolor, ansia, necesidad de cariño, insipiencia emocional, necesidad de gritar, de comunicar, de amar, de ser feliz , aunque tu código emocional te prohíba serlo.

Por lo que leo, tu padre, o tu madre se ha apeado del dulce viaje del tren de la vida. Desde luego es un momento triste y de rabia, de dolor y disconformidad, desde luego que sí. Ahora bien, apearse no es abandono, es quedarse en una estación, en la que sea, en una estación donde podemos viajar con el cariño y el recuerdo. Una estación donde la reencarnación se hace posible sin la necesidad de que el alma, o espíritu, del que se apea, se ensamble con ningún cuerpo físico, sin necesidad de brujería o de cosas afines. Una estación donde, sin existir el fenómeno de la reencarnación, el recuerdo del ser que allí mora lo reencarnamos en nosotros, pues lo hacemos nuestro, forma parte de nuestra vida, y con una duración indefinida, la que nosotros mismos decidamos.

No es un abandono, es un bajar e iniciar otra dimensión de existencia, formando parte de nosotros, de manera indestructible, y dejar que la vida siga para los demás, y aunque nos podamos sentir desvalidos, abandonados de amor y seguridad, sólo es eso, un sentir lógico del momento, pero nunca huérfanos de ello. Ese amor, esa seguridad, esa compañía de la que nos podemos sentir huérfanos, están allí, en la estación donde se apeó nuestro ser amado, y están allí esperando que retornemos, por unos instantes, para cargarlos en nuestro equipaje emocional, y están allí porque nunca se quisieron bajar, fuimos nosotros, con nuestras torpezas, quienes lo dejamos allí, en el olvido, lamentándonos de su pérdida.

Un ser amado (y no querido) nunca nos abandona, ya que nunca fue nuestro, nunca deja de transmitirnos amor. El dulce recuerdo de su esencia, hecho sentimiento, nos llena de paz y amor hasta el lugar más recóndito de nuestro ser.

Un ser amado (y no querido) siempre está allí, nunca deja de estar, somos nosotros, con nuestros miedos, nuestras manías y nuestros perjuicios quienes lo obviamos, quienes nos ponemos una capucha hermética que no nos permite verlo, oírlo, palparlo, saborearlo, olerlo. Ese ser amado (y no querido) esta en todas las partes donde nosotros queramos que esté.

Desde luego, en un viaje realizado en un medio donde cabe más de una persona, siempre habrá quien viaje en el mismo medio, en el mismo vagón o en el mismo tren, pero no todos irán con nosotros. Todos viajamos en y con el mismo medio y todos vamos con todos, es nuestra ceguera emocional la que nos hace creer que hay distinciones, la que nos crea la necesidad de querer, de poseer aquello que consideramos útil para una más cómoda travesía por el desierto, por ese lugar desierto de amor que nosotros mismos nos fabricamos, ya que anteponemos la falsa seguridad que nos proporciona el pensar que somos poseedores, a la dulce y sensible estancia en el edén del “AMOR”. Es lógico que quien presienta un querer y no un amar, se aparte de este sentimiento egoísta que esclaviza. Es lógico que se aferre a la libertad y se aparte bruscamente, o sutilmente. Es entonces cuando se resquebraja el frágil caparazón de falsa seguridad que nos hemos fabricado y nos sentimos decepcionados, desvalidos, dolidos… Es entonces cuando ponemos el grito en el cielo, clamamos justicia divina para nuestros errores terrenales . Es entonces cuando nos creemos los únicos desgraciados del cosmos y, avergonzados, creyéndonos incapaces de todo y de nada, es entonces cuando negamos lo evidente, cuando nos auto-prohibimos amor, paz felicidad… , es entonces cuando sentimos una falsa necesidad de apearnos del viaje, es entonces cuando queremos convencer, a nuestros cooviajantes, que no es cobardía lo que sentimos, sino que es una necesidad .
Tras 31 años de decirme que sufría de los nervios, decidieron que mi corazón me daría vida para tres días más, si no me operaban, y si me operaban daban por sentado que tenía un 2% de posibilidades de pasar la operación. En la habitación del hospital, solo, las 2 de la madrugada, pensativo, relajado, mi vida pasó fugazmente ante mí. Dijeron que el 13 de Octubre me operaban, yo decidí que esperaran 5 días más, hasta el 18, ¿por qué?, motivos largos de explicar (quizás algún día te lo explique) durante 8 días repasé mi existencia, de nada me arrepentí, dejé de fumar (fumaba 4 paquetes diarios), dejé de tomar café (tomaba más de un litro diario) no me hacía daño ni el tabaco ni el café, me lo aseguraron los médicos, pero me creaban dependencia, esclavitud. Observé mis sentimientos ¿me crean dependencia las personas a las que amo, estén vivas o no? no, el verdadero amor no crea dependencia. El 18 de Octubre habrán transcurrido 8 años. En aquel hospital conocí, traté, compartí y alguien se apeó, decía que la vida recorrida después de los 45 años era un regalo que alguien nos daba y él no quería regalos. Muy a menudo, en mi silencio interior, estoy con él, y con él converso largo y tendido.

Un trece de Octubre quería comunicar a la familia que iba a vivir bajo el mismo techo que Montse, compañera amada del momento, lo hicimos un 25 de Julio y el 11 de Noviembre del siguiente año, nos apeamos el uno del otro, sólo nos apeamos, no nos abandonamos . El 1 de Abril del 82 iniciamos, Daría y yo, un recorrido sin marcarnos estaciones ni apeaderos. Hoy , los que nos apeamos, seguimos amándonos, cada uno en su vagón, cada uno consciente que no podemos ni debemos intentar construir nada juntos, aunque si podemos compartir un sentimiento “AMOR” aunque estemos un largo tiempo sin saber nada uno del otro, nos basta con que sintamos que somos felices el uno y el otro, sin rencores, sin ataduras. Sí quien amo es feliz, yo soy feliz, no importa donde ni cuando ni con quien esté. Hoy, los que iniciamos el recorrido en el 1982, seguimos con la andadura, con el compartir diario, amándonos sin más, con gente que se apeó y con gente que inicio su viaje en el viaje infinito de la vida, Laia y Marina, 15 y 12 años.

Un mes de Septiembre ingresaron a Daría, presentaba un cuadro médico complicado, cientos de quistes en todo su aparato genital, un ovario y las dos trompas resecas. Al operarla, para vaciarla de dolor y de órganos sexuales, en el cuello del útero ubicaron un cáncer escamoso producido por bacterias descontroladas, con posibilidad de contagio a terceros, en este caso, a mí. Meses más tarde, molestias en el pecho izquierdo, bultos, miedo, pavor. Operación, grasa. El AMOR no ata, reconforta. La felicidad existe, sólo hay que quitarse la venda de los ojos y aceptar que la realidad es real, que no debemos intentar deformarla, aceptarla y no intentar ser ni mejor ni peor, ni superior ni inferior a nadie, ser simplemente “NOSOTROS”.

Que la PAZ y el AMOR te acompañen y reescriban tu diccionario de los sentimientos

Dau (Sinto petit)
Juncosa de les Garrigues 23 de Agosto del 2001
Para Irene, de Granada

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