Todo y Nada

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RECUERDOS PARA UN MUERTO

CATALÀ

Negra se vuelve la noche del adiós, obscura y fatídica noche negra. Despacio,  sin prisas, sin pausas, sin pedir permiso, el alba se acerca, el crepúsculo se hace presente, la tenue luz del día se asoma en el horizonte: nace el día, vuelve la luz, la nítida y amalgamada luz que nos llena de ilusión y paz.

Vuelve la obscuridad y vuelve la luz, nunca nos separamos de ello, pero en cada milésima de segundo, la obscuridad deja de ser algo a temer para tornarse un paso más a la esperanza, a la vida, a la ilusión.

Sin la existencia de la obscuridad, acompañada de la luz, y viceversa, nada sería posible.

Necesitamos la obscuridad para poder cerrar los ojos y plasmar en nuestra mente todo aquello que amamos, sin que nada ni nadie nos obstaculice.

Necesitamos la luz par expandir nuestro amor, nuestros sentimientos y que todo y todos lo puedan observar.

Como la obscuridad, como la luz, nada ni nadie desaparece, simplemente cambia de forma y momento, sobretodo, aquello y aquellos a los que hemos destinado nuestro amor.

Cada recuerdo, cada momento de tristeza, cada lágrima que brota de nuestros ojos, como muestra de nuestros sentimientos hacia ellos, no es más que una muestra de qué ellos, siguen estando donde siempre han estado y estarán: con nosotros
Llora, mi niña, que cada sollozo es un beso al amado ser que, en su día, decidió cambiar de forma y momento. Llora, mi niña, porque cada lágrima es un caudal que riega el recuerdo que mantiene vivos, en nosotros, a todos quienes iniciaron un viaje sin maletas, ya que lo único a llevarse es el amor que les ofrecemos y, el amor, no ocupa ni lugar, ni espacio, ni tiempo.

Ríe, mi niña, porque la reciprocidad té hace copartícipe de todo lo que de ti emana. Ríe, mi niña, porque hay más de una estrella que, para ti, nunca se apagará.

Cierra los ojos, mi niña, y mira a tú alrededor, verás la claridad de tus sentimientos, te harás conocedora de quien y de lo que realmente eres: un puro estado de AMOR que duda de sus dudas y se fortalece en el día a día, negándose a la miseria de la conformidad.

Sueña, mi niña, que los sueños son realidades que debemos crear, realidades que, en ocasiones, nos negamos a aceptar por miedo y, el miedo, no es más que una auto-barrera para no avanzar, para no compartir, para no sentir. Miedo que debemos apartar para que el sueño pueda realizarse.

AMA, mi niña, no te niegues a ello, que amando serás amada. Que el AMOR te hará libre de miedos y perjuicios.

AMA, mi niña, que amando tu sonrisa será el estandarte de tu felicidad y la de los que amas.

AMA, MI NIÑA, PORQUE….. NOS GUSTAS ASÍ, AMANDO.

 

Sinto petit.
13/01/2012
A Sara Alcaide Domínguez.
En la muerte de su padre.