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MUERTE Y VIDA – VIDA Y MUERTE

La cordillera de la Llena, en una cumbre, junto a la punta del camello, yo sentado en una roca partida en dos, rodeada de miles de “cantos rodados” grandes y pequeños, roca donde descansa, también, el esqueleto quemado y gris de un árbol roto, testigo callado del maldito incendio de años atrás. Allá, enfrente, a unos cuántos centenares de metros, el majestuoso Montsant, parece que nos quiere decir: “os vigilo y os cuido mucho”.

Donde se acaba la cordillera del Montsant, a nuestra derecha, emerge casi tímidamente, humo blanco, y posiblemente radiactivo, de la central nuclear de Ascó, parece querer asustar al sol rojizo del atardecer, medio envuelto con finas franjas de nubes de colores variados, una gama degradada de azules, naranjas y marrones.

Con mucha precaución, me acerco a la punta de la cumbre, oteo hacia los valles del río Montsant. La punta del pantano de Margalef, rocas, árboles, carrascas, romeros floridos, tomillo, infinidad de florecillas blancas, amarillas y de colores diversos, una masía con corral hecho con piedra seca y un aljibe cubierto con una losa como tejado. Vida y muerte, muerte y vida mezclados sin hacerse estorbo.

Muerte y vida, vida y muerte. Me hace pensar en lo que un día escribí “La muerte y la vida coinciden en el mismo punto de una circunferencia sin principio ni fin”. Nada conocemos del principio o del fin de la vida, de las cosas. Cuando un niño hace el primer sorbo de aire en su vida, sin quererlo, se encuentra con la muerte que le espera. Una muerte que no tiene fecha fijada de ejecución. El mismo punto de partida para la vida y para la muerte. En el momento de nacer, empezamos a morir. En el momento de morir, nosotros, materia que somos, empezamos a vivir de otro modo, haciendo cambios en la materia sin dejar de formar parte de la circunferencia. Despacio, volviendo a su punto de encuentro, muerte y vida, vida y muerte.

Vida y muerte, muerte y vida. ¿Tiene vida, el AMOR? ¿Tiene muerte, el AMOR? Dudas muy dudosas, pero la duda es vida y la vida es una duda continuada que nos va conduciendo sinuosamente hacia la muerte. El AMOR, como la libertad, nace con nosotros. El AMOR, igual como lo hace la esclavitud, muere con nosotros, pero siempre está con nosotros, aunque lo queramos rechazar, lo único que hacemos es no quererlo ver, no desear sentirlo.

La vida, el AMOR y la libertad, son como el sol del atardecer que, despacio se envuelve, se esconde hasta dejarnos con la leve luz de la luna y la frescura de la noche, pero, despacio, recorriendo la circunferencia, retorna al punto del amanecer y, despacio, nos hace ver su luz, nos hace sentir su calor.

El AMOR y la libertad tienen vida y muerte, muerte y vida, y somos nosotros mismos los que decidimos en qué momento, como, qué y por qué. No tendríamos que ir en busca de la vida y la muerte al más-allá, todo está aquí, en ti, en mí, en todos.

Sinto petit 26/06/2014, madrugada

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