Cuando el emperador Akbar escribió a Felipe II


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Akbar, el rey de la tolerancia religiosa en la India
Por José Maria Rodero
Filosofía&Co –
9 mayo, 2018

Akbar pertenecía a la dinastía de los mogoles, emperadores musulmanes persas descendientes del mongol Gengis Khan que controlaron buena parte del suroeste de Asia durante más de tres siglos. Gobernó entre 1556 y 1605 y llegó a controlar un territorio que se extendía por el actual norte de India, partes de Pakistán y llegaba hasta Kabul. En la India construyó este conjunto palaciego de Fatehpur Sikri. Foto: José María Rodero.
Akbar pertenecía a la dinastía de los mogoles, emperadores musulmanes persas descendientes del mongol Gengis Khan que controlaron buena parte del suroeste de Asia durante más de tres siglos. Gobernó entre 1556 y 1605 y llegó a controlar un territorio que se extendía por el actual norte de India, partes de Pakistán y llegaba hasta Kabul. ro.

En 1582, Felipe II, rey de España y Portugal, recibió una carta de la lejana India escrita por Akbar, el emperador. El objetivo de la misiva era felicitar al monarca por su reciente ascenso al trono, pero el escrito contenía también un mensaje de tolerancia poco habitual en una época en la que la persecución religiosa asolaba Europa.

La carta de Akbar decía así:

“Los hombres se encuentran atados a las cadenas de la tradición y, mediante la imitación de sus padres, continúan los caminos seguidos por ellos sin investigar sus propios argumentos y razones para seguir la religión en la que nacieron y fueron educados. Por tanto, se excluyen a sí mismos de la posibilidad de alcanzar la verdad, que es la aspiración más noble del intelecto humano. Es por ello por lo que nosotros nos relacionamos con hombres cultos de todas las religiones, beneficiándonos de sus exquisitos discursos y de sus exaltadas aspiraciones”.

El autor de la misiva era el entonces emperador de India Jalaluddin Muhammad, conocido como Akbar (“el grande”, en árabe). Akbar pertenecía a los mogoles, una dinastía de emperadores musulmanes persas descendientes del mongol Gengis Khan que controlaron buena parte del suroeste de Asia durante más de tres siglos. Gobernó entre 1556 y 1605 y llegó a controlar un territorio que se extendía por el actual norte de India, partes de Pakistán y llegaba hasta Kabul.

Su alegato en favor del respeto a la diferencia ante Felipe II no fue casual. Con su carta, el emperador intentaba sellar la paz con los cristianos. Las tropas mogolas se habían visto implicadas en un ataque contra el enclave portugués de Goa, en la costa occidental india, y la misión jesuita portuguesa establecida en la corte a invitación de Akbar había amenazado con marcharse, algo que el emperador quería evitar a toda costa. Para él, contar con cristianos en su corte era más importante que los enfrentamientos territoriales.

Akbar comprendió que para mantener un imperio tan complejo como el suyo debía contar con el apoyo de sus habitantes y supo granjearse una gran popularidad entre la población a base de cercanía y respeto por las tradiciones locales

Paz para todos

Akbar heredó de su padre a los 13 años un imperio difícil de gobernar. A las guerras, matanzas y traiciones habituales de la época había que sumar el hecho de que la gran mayoría de sus súbditos no profesaba el islam como él, sino el hinduismo, dos religiones muy diferentes cuyas discrepancias siguen ocasionando, incluso a día de hoy, fuertes enfrentamientos en India.

Pero Jalaluddin Muhammad no fue un gobernante al uso. Al contrario que la mayoría de sus predecesores y gobernantes de su tiempo, no quiso imponer sus creencias sobre los que ya eran sus súbditos ni sobre los habitantes de las tierras que fue conquistando, y se rigió por el concepto sufí del Sulh-e-kul o “paz para todos”. A pesar de ser analfabeto, desarrolló un gusto por la vida intelectual, las artes y el trato con culturas ajenas a la suya. En concreto, fomentó el debate entre teólogos y contó con profesores de las principales confesiones religiosas de la época, todo con el fin de lograr un entendimiento entre ellas. Invitó a su corte a hindúes, zoroastrianos, budistas, jainistas, miembros de diferentes corrientes musulmanas como chiíes, suníes y sufíes… Y también a los jesuitas cristianos. Para Akbar, todos ellos eran parte fundamental de la vida en la corte.

A Akbar no le convencía ninguna religión y aseguraba que no existía ninguna fe acreditada de forma divina porque en todas encontraba algo que ofendía su razón y su inteligencia Los jueves, reunión: Cada jueves por la noche, Akbar solía reunir a miembros de distintas religiones en ceremonias en el Ibadat Khana o “Casa de la adoración”. Aquí podían discutir diferentes asuntos y opinar desde sus distintas perspectivas. El lugar se encontraba dentro de Fatehpur Sikri, el conjunto palaciego que construyó cerca de la ciudad de Agra y que sigue siendo una de las joyas de la arquitectura indoislámica característica de la época.

Akbar fue, sobre todo, político. Comprendió que el mantenimiento de un imperio tan complejo como el suyo pasaba por contar con el apoyo de sus habitantes y supo granjearse una gran popularidad entre la población a base de cercanía y respeto por las tradiciones locales, especialmente las hindúes. Autorizó la construcción de templos, suprimió los impuestos vigentes para los no musulmanes y permitió que personas de otras religiones accedieran a altos cargos en su gobierno.

Su búsqueda de la integración religiosa, así como de alianzas estratégicas con nobles locales, lo llevó a casarse con infinidad de mujeres de distintas religiones que conformaban un gigantesco harén. Entre ellas, destacaron tres: una musulmana de origen turco, una cristiana portuguesa y una hindú. Para ellas construyó lujosos aposentos en su palacio decorados con elementos de sus respectivas religiones.
Una nueva religión que los representara a todos
Las columnas del conjunto palaciego de Fatehpur Sikri tienen grabados de distintas religiones y representan la religión que creó Akbar, el Din-i-Ilahi.
Las columnas de Fatehpur Sikri tienen grabados de distintas religiones y representan la religión que creó Akbar, el Din-i-Ilahi. Foto: José María Rodero.

Para las misiones jesuitas que acudieron hasta en tres ocasiones a la corte de Akbar, la religión que profesaba el emperador era un misterio. Para los monjes, encabezados por el español Antonio de Montserrat, se trataba de un hombre ecléctico que acabó representando una gran decepción. En muchas ocasiones creyeron haberlo convencido para convertirse al cristianismo, pero nunca lo consiguieron. Según los documentos de las autoridades portuguesas de Goa de la época, elaborados con la información que aportaban los misioneros, a Akbar no le convencía ninguna religión y aseguraba que no existía ninguna fe acreditada de forma divina porque, según decía, en todas encontraba algo que ofendía su razón y su inteligencia. Para algunos era musulmán, para otros adoraba al sol y para otros, simplemente, supo mantener su ambigüedad para ganar popularidad.

Quizá fue por ello por lo que la máxima expresión del afán de Akbar por lograr la comunión entre culturas fue su intento de conjugar las distintas creencias existentes en la época y unificarlas bajo una nueva religión, a la que llamó Din-i-Ilahi o “religión de Dios”, y que funcionaba también, en cierta medida, como un culto a su persona.

Esta nueva fe era un sistema ético que tomaba elementos de varias confesiones, principalmente del islam y el hinduismo. El código moral prohibía pecados como la sensualidad, la difamación o la codicia y alababa virtudes como la bondad, la prudencia o la piedad. Aunque muchos de los preceptos del Din-i-Ilahi tenían claras raíces islámicas o estaban directamente basados en el Corán, las críticas del emperador hacia la intransigencia de ciertos teólogos musulmanes y su distanciamiento de algunos conceptos tradicionales le hicieron ganarse enemigos entre los suyos.

El código moral de la nueva religión prohibía pecados como la sensualidad, la difamación o la codicia y alababa virtudes como la bondad, la prudencia o la piedad

Además, la negativa de la práctica totalidad de personas que rodeaban a Akbar a abandonar sus propias religiones para abrazar una nueva hizo que el Din-i-Ilahi quedara reducido al ámbito de un pequeño grupo de intelectuales y acabara desapareciendo con la muerte del emperador. Y no fue lo único que desapareció. Las generaciones de dirigentes posteriores no continuaron el legado de Akbar. Aunque, en general, los mogoles fueron gobernantes tolerantes, ninguno demostró tanto interés por el respeto hacia las culturas ajenas como Jalaluddin Muhammad el Grande.

El origen del parchís

No se puede asegurar que Akbar fuera el creador del juego que fue el origen del parchís, pero sí se sabe que era un gran aficionado. El emperador ordenó construir tableros gigantes en los patios de sus palacios. El más famoso, este, en Fatehpur Sikri. Foto: José María Rodero.

El juego del parchís que conocemos hoy fue popularizado por los británicos, pero su origen se encuentra en la India. La palabra parchís procede del vocablo pachisi, que en hindi significa veinticinco, número máximo de casillas que se podía avanzar por tirada. El pachisi era una variedad del chaupar, muy popular en la zona.

Si bien no se puede asegurar que Akbar fuera el creador de dicho juego de mesa, sí se sabe que era un gran aficionado. El emperador ordenó construir tableros gigantes en los patios de sus palacios. El más famoso de ellos, en Fatehpur Sikri. La forma de jugar de la época era ligeramente diferente a la actual. Akbar se situaba en el centro del juego y lanzaba conchas de cauríes (caracoles marinos que servían de moneda en India) que hacían las veces de dados. El número de conchas que cayeran con su abertura hacia arriba marcaba las casillas que se debía avanzar. El emperador, además, no usaba fichas, sino que empleaba a dieciséis mujeres de su harén, que se iban desplazando por el tablero.

Los tableros de Akbar son las muestras confirmadas más antiguas de este juego que se conservan a día de hoy.

SERENDIPITÀ: Si può quantificare l’ imprevedible?

Serendipità: si può quantificare l’imprevedibile?

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di AGNESE SONATO

Un editoriale su Nature del 31 gennaio 2018[1] racconta la ricerca del sociologo della scienza Ohid Yaqub sul ruolo e sulle tipologie della serendipità nella ricerca scientifica. Yaqub, con un finanziamento di 1,4 milioni di euro dall’European Research Council, intende spiegare il ruolo della serendipità nella ricerca andando al di là della sua dimensione aneddotica, anche per fornire un supporto nell’indirizzamento dei finanziamenti alla ricerca. Uno studio interessante i cui primi risultati sono stati pubblicati proprio quest’anno dimostrando quanto la serendipità non sia tanto un “incidente felice” dettato dal caso, quanto un fenomeno che, seguendo alcune tipologie, si ripete nella storia indipendentemente dal settore di ricerca. Questi risultati attirano però l’attenzione su un’altra grande questione alla base del processo della ricerca scientifica: quanto è possibile prevedere e inquadrare l’andamento della scoperta al punto da basare i finanziamenti alla ricerca su dati quantitativi?

Chi avrebbe mai pensato che la bioluminescenza di alcune meduse avrebbe portato al “microscopio del terzo millennio”? Di certo non ci pensava minimamente il protagonista di quella storia, il chimico giapponese Osamu Shimomura, quando nel 1960 a Princeton iniziò a studiare i fenomeni della luminescenza naturale. Appena due anni dopo, nel 1962, Shimomura scoprì che la proteina aequorina della medusa Aequorea victoria, una volta legata al calcio, emette luce blu che viene poi assorbita dalla Green Fluorescent Protein (nota come GFP) emettendo a sua volta luce verde. Shimomura allora non intuiva l’enorme potenziale della sua scoperta che ben quarantotto anni dopo (era il 2008) gli avrebbe valso, insieme a Roger Tsien e Martin Chalfie, il premio più ambito della scienza, il Nobel. Successivamente alla scoperta della GFP, infatti, numerosi furono gli scienziati, da Douglas C. Prasher – il primo che intravide il potenziale della fenomenale proteina – a Tsien stesso e all’italiano Tullio Pozzan dell’Università di Padova – da poco eletto membro della Royal Society di Londra -, che ci lavorarono fino a rendere la GFP un marcatore cellulare fondamentale di cui biologi e biotecnologi di tutto il mondo non possono più fare a meno: oggi è il “microscopio del terzo millennio”.

Oltre ad essere una bella storia e un esempio di processo scientifico collettivo, la scoperta della GFP rappresenta anche un caso di serendipità, cioè quel fenomeno per cui gli scienziati scoprono qualcosa di nuovo cercando tutt’altro. Ai più è nota come “incidente felice e casuale” e la storia della scienza ne è costellata, dalla scoperta della penicillina da parte di Alexander Fleming ai raggi X per le radiografie di Wilhelm C. Röntgen. Al di là del fascino che questi aneddoti hanno, dall’analisi dei casi noti come “incidenti felici” emerge come questi non siano così tanto casuali e come la serendipità sia un processo ben più complesso che tiene conto di numerosi fattori. Si aggiungono poi altre considerazioni su ricerca di base, ricerca applicata e ricerca intesa come innovazione tecnologica secondo cui sembra che la serendipità sia tipica soprattutto della ricerca di base invece che della ricerca applicata. Potrebbe quindi risultare difficile indirizzare i finanziamenti a ricerche di base, quelle che nell’immaginario sono assimilate a ricerche “libere” e imprevedibili, apparentemente più soggette alla serendipità, rispetto a ricerche applicate che, sempre nell’immaginario, sono ricondotte ad applicazioni e risultati più immediati.

In questo contesto Ohid Yaqub, chimico per formazione e oggi sociologo della scienza che lavora all’Università del Sussex a Brighton, nel Regno Unito, ha deciso di andare oltre. Grazie a un finanziamento di 1,4 milioni di euro da parte dell’European Research Council, Yaqub sta studiando quantitativamente il ruolo della serendipità nella scienza con l’obiettivo di aiutare la comprensione del meccanismo della scoperta scientifica e di fornire strumenti utili alle politiche di finanziamento alla ricerca. I suoi primi risultati sono stati pubblicati in un recente articolo su Research Policy[2] e sono stati oggetto dell’editoriale di Nature del 31 gennaio 2018.

Innanzitutto Yaqub ritiene che la serendipità vada ben oltre gli “incidenti felici” e partendo dagli studi del sociologo statunitense Robert K. Merton[3],[4] propone di classificare la serendipità in quattro tipologie, ognuna con i suoi meccanismi. (1) La ricerca in un certo settore che porta a nuove scoperte in un settore diverso e inaspettato, come l’idea di usare la chemioterapia per curare il cancro nata dalle analisi sugli effetti che le esplosioni di gas mostarda avevano sui globuli bianchi delle vittime della Grande Guerra negli anni ‘40. (2) La ricerca che con un certo obiettivo porta a soluzioni attraverso un percorso inaspettato, come nel caso della scoperta accidentale della vulcanizzazione della gomma, processo utilizzato per produrre pneumatici e scoperto da Charles Goodyear negli anni ’30 quando, mescolando gomma liquefatta e zolfo, rovescia casualmente parte di questa soluzione su una stufa rovente e osserva che, una volta raffreddata, la sostanza è morbida ma anche robusta. (3) La ricerca del tutto libera che improvvisamente porta a una scoperta, come nel caso della radiografia scoperta da Wilhelm C. Röntgen osservando strani fenomeni mentre utilizzava tubi catodici. (4) Scoperte che trovano una soluzione a problemi che emergono solo più tardi, come il vetro infrangibile per i parabrezza delle auto che fu osservato per la prima volta in un pallone da laboratorio caduto.

Una classificazione, come riconosce lo stesso Yaqub, non è però sufficiente: vanno considerati altri fattori difficili da quantificare come l’attenta osservazione del ricercatore, gli errori, casuali o meno, e quel fenomeno per cui, pur avendo pianificato e studiato una ricerca in tutti i suoi dettagli, avviene comunque qualcosa di inaspettato. Non meno importante: la rete di persone e le collaborazioni nella ricerca, fattori che possono facilitare fortunate e fortuite scoperte.

Altro risultato di Yaqub è la dimostrazione che la serendipità, non trattandosi di semplici “incidenti felici” ma della combinazione di fattori che rendono una scoperta più o meno probabile in determinate circostanze, è tipica della ricerca in sé, sia che si parli di ricerca di base che di ricerca applicata o innovazione tecnologica.

Così l’interessante studio di Yaqub mette in luce quanto il processo della scoperta scientifica sia da un lato complesso, cioè combinazione di molti elementi, relazioni ed eventi, dall’altro sia un processo riconducibile a una struttura (cioè la sua classificazione della serendipità) che può aiutare a prevedere l’andamento della scoperta. Bisogna però fare attenzione al ruolo che l’imprevedibile continua e continuerà a giocare nella ricerca scientifica. Possono esserci fattori e circostanze che facilitino la direzione della ricerca, ma difficilmente potranno essere quantificati e previsti del tutto a priori.

Siamo certi che tentare di prevedere e inquadrare il meccanismo della scoperta scientifica sia la scelta migliore per indirizzare i finanziamenti alla ricerca?

Se è vero che si riuscirà a quantificare la serendipità dandole una dimensione ben precisa senza basarla solamente su storie aneddotiche “alla Fleming”, è anche vero che quantificare il tempo delle scoperte e tutto quello che la scoperta comprende (dall’essere particolarmente recettivi a determinati fenomeni in un dato momento storico, all’evoluzione del pensiero e della società, alle relazioni…) non sarà sempre possibile. Prevedere, ad esempio, in quanto tempo si arrivi a una determinata scoperta, o soluzione di problema, è di sicuro molto interessante e di aiuto prima di tutto a chi la ricerca la sta svolgendo. Tuttavia, proprio per sua definizione, la ricerca ha l’obiettivo di scoprire qualcosa di nuovo laddove nessuno era ancora arrivato o laddove ancora nessuno pensava di trovare qualcosa. Ecco che oltre alla serendipità, anche l’esplorazione libera e l’imprevedibile sono protagonisti del processo e del progresso scientifico e quindi dovrebbero rientrare negli indirizzi di finanziamento alla ricerca.

D’altronde chissà se, basandosi solo sugli schemi di funzionamento della serendipità nella scienza, escludendo la ricerca libera e l’imprevedibilità della ricerca, Shimomura avrebbe ricevuto un finanziamento e con lui tutti gli scienziati che in decine di anni hanno portato al Premio Nobel quella che era “soltanto” la proteina di una medusa.

NOTE

[1] Nature 554, 5 (2018). doi: 10.1038/d41586-018-01405-7

[2] O. Yaqub, Serendipity: Towards a taxonomy and a theory, Res. Policy 47, 169-179; 2018

[3] Robert K. Merton & Elinor Barber. The Travels and Adventures of Serendipity. A Study in Sociological Semantics and the Sociology of Science, Princeton University Press, 2006

[4] Robert K. Merton. On Social Structure and Science. The University of Chicago Press, 1996.

[5] Matthew S. Clancy, Inventing by combining pre-existing technologies: Patent evidence on learning and fishing out, Res. Policy 47, 252-265; 2018

(25 maggio 2018)

Tag:Ohid Yaqub, ricerca scientifica, scoperta, serendipità, sociologia della scienza

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Don Zauker, tutta l’ipocrisia cattolica in un fumetto

Don Zauker, tutta l’ipocrisia cattolica in un fumetto

In ‘Don Zauker’, c’è sempre qualcosa che eccede (e supera) l’autocompiaciuta mancanza di rispetto nei confronti della crassa cialtroneria di certi prelati e della dabbenaggine dei parrocchiani che ne sono, in qualche modo, vittime: «Io dico solo la verità, anche quando dico le bugie», è il motto del sacerdote cattolico, finto esorcista, protagonista di una serie di albi del duo Pagani-Caluri, che mettono insieme rigorosa ricostruzione storica, grande capacità narrativa e altissima qualità del tratto grafico.

di Giovanni Fancello

Inginocchiati davanti a me! Perché io sono affiliato alla più terribile, totalitaria, reazionaria setta della storia dell’umanità, la più assetata di potere… Io sono un affiliato alla Chiesa Cattolica!
Il mondo è nostro, signori!
E ora… pubblicità!
Don Zauker

Se ci si limitasse a descrivere il Don Zauker dei Paguri come un sacerdote cattolico maschilista, spregiudicato nel servirsi dell’ignoranza altrui, ipocrita e venale, forse più d’uno si chiederebbe dove stia la novità del personaggio. Nato quindici anni fa sulle pagine del Vernacoliere – con cui gli autori Emiliano Pagani (sceneggiatura) e Daniele Caluri (disegni), i Paguri appunto, hanno collaborato a lungo –, questo finto esorcista è certamente la sboccata, lasciva rappresentazione, in forma di antieroe, dell’anticlericalismo che da sempre caratterizza certo umorismo fieramente labronico. Ma Don Zauker è in realtà anche molto, molto di più. Perché, sebbene questa denominazione d’origine possa suggerire qualcosa anche a chi non si sia mai imbattuto in uno degli episodi pubblicati sul mensile satirico livornese (poi raccolti in due albi), l’intento derisorio, la sfacciata irriverenza non sono mai il fine. O almeno non l’unico, e comunque non il più importante.

Se questo già appare chiaro negli episodi brevi o brevissimi (come quelli inseriti in una raccolta uscita nel 2015 col titolo Il Verbo), una capacità narrativa ben più esigente e controllata emerge tuttavia nelle storie più lunghe – quattro in tutto, ciascuna di quarantasei tavole: Santo subito, Habemus Papam, Inferno e Paradiso e Venga il mio Regno. Nella prima, elementi direi “classici” dell’ipocrisia cattolica – la contraddizione tra l’omiletica edificante dell’istituzione ecclesiastica e le private perversioni del sacerdote che se ne fa portavoce, il mercimonio della credulità popolare, le collusioni della Chiesa con la politica nella sua espressione più deteriore – vengono in qualche modo castigati dal protagonista, la cui mancanza di scrupoli non riesce ad apparire peggiore di quella dei suoi antagonisti. Nella seconda, invece, Don Zauker ha a che fare con un caso di possessione demoniaca che interessa niente meno che il vescovo di Roma, poi sostituito, ancora in vita (vi ricorda qualcosa?), da torbide manovre di palazzo.

Ma è in particolare nelle ultime due graphic novel, ciascuna delle quali è collocata in un contesto storico determinato e si richiama a fatti reali, che si produce un ulteriore salto di qualità. Inferno e Paradiso è tratto (come segnala un’avvertenza all’inizio del volume) dalla storia di Athanase Seromba, presbitero cattolico che a metà degli anni Novanta partecipò attivamente al massacro di alcune migliaia di uomini e donne di etnia Tutsi. Collocati tra Firenze e il Rwanda del genocidio, gli elementi della fabula sono congiunti in una logica che non perde mai la sua solidità narrativa e intreccia i sanguinosi episodi ambientati nel piccolo stato dell’Africa equatoriale a miserabili trame ordite in Italia (che coinvolgono un personaggio reale assai riconoscibile).

Nell’ultimo volume, Venga il mio regno, il contesto è offerto dalla guerra civile di El Salvador, che vide protagonisti contrapposti il comandante degli “squadroni della morte” Roberto d’Aubisson Arrieta e l’arcivescovo Óscar Romero, oppositore del regime che venne giustiziato mentre celebrava messa. La finezza della ricostruzione storica e la scansione delle scene fanno di questo albo probabilmente l’espressione più matura e consapevole della produzione del duo Caluri-Pagani.

Vi è insomma, in Don Zauker, qualcosa che sempre eccede (e supera) l’autocompiaciuta mancanza di rispetto nei confronti della crassa cialtroneria di certi prelati e della dabbenaggine dei parrocchiani che ne sono, in qualche modo, vittime. Egli, vestendo con una toga (rubata) il suo passato di ex militare mercenario e frequentatore di carceri, si mostra per quel che è, ma in quanto rivelatore di una natura in comune con ciò che si professa altro. «Io dico solo la verità, anche quando dico le bugie», afferma Don Zauker nell’episodio citato in epigrafe. La ricchezza, tanto in termini di riferimenti simbolici e complessità del personaggio, quanto di qualità del tratto grafico (davvero sbalorditiva), qualificano a buon diritto la produzione dei Paguri (che non si limita affatto a Don Zauker) come una delle migliori espressioni della Nona Arte in Italia.

(7 maggio 2018)

Las mujeres tienen derecho a autocosificarse

Slavoj Žižek: “Las mujeres tienen derecho, no a ser cosificadas por los hombres, sino a cosificarse a sí mismas”

El filósofo esloveno recogió la medalla de oro del CBA, defendió la cosificación voluntaria de la mujer y reconoció en las drogas y el populismo el nuevo opio del pueblo

“Si fuese feminista mujer recordaría que muchas formas de violencia masculina son reacciones desesperadas de impotencia social y económica”
Mónica Zas Marcos Follow @MonicaZas

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08/05/2018 – 20:54h

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Slavoj Zizek: “Las máquinas van a cambiar lo que significa ser humano”

Slavoj Žižek: “Las máquinas van a cambiar lo que significa ser humano” EFE

Slavoj Žižek (Liubliana, 1949) llegó el lunes al Círculo de Bellas Artes para recibir una medalla de oro de la institución y pronunciar la conferencia Ernst Lubistch: cinismo, humor y compromiso. Lo primero lo hizo, aunque fantaseó con que una camarera de piso se encontrase su medallón dorado tirado en el suelo, pero lo segundo ya fue otro cantar.

“Dije eso en uno de mis libros, no sé cuál, tengo demasiados”, espetó en un momento el filósofo esloveno. Eso es precisamente lo que le ocurre con las ideas. Las remueve de un lado para otro, mezcla pornografía con Jacques Lacan, pedofilia con el me too, morbo informativo con Santo Tomás de Aquino. Tiene demasiada información en su cabeza como para limitarse a hablar de la filmografía de un cineasta, aunque ese sea el objeto principal de su charla: el próximo ciclo de películas de Lubistch.

Han pasado diez meses desde su última aparición en Madrid y siete desde que el me too comenzase a remover los cimientos del patriarcado conocido. El feminismo es un tema que le gusta abordar a Žižek y esta ocasión era tan propicia como cualquier otra. Estableciendo un breve nexo de unión con el cine del homenajeado, el pensador aclaró que quería centrarse “en temas actuales, como el dominio particular en la lucha por la emancipación en el feminismo”.

Antes de meterse sin protección en terreno pantanoso, Žižek indicó varias veces que él se considera feminista. “Cuando las mujeres se visten de forma provocativa para atraer la mirada masculina, se cosifican a sí mismas para seducir al hombre. No lo hacen ofreciéndose como objetos pasivos, sino que son agentes activos de su propia cosificación: manipulando a los hombres, iniciando juegos ambiguos e incluyendo el pleno derecho, por supuesto, a detenerlo en todo momento”, afirmó.

“Las mujeres se visten de forma provocativa para atraer la mirada masculina y se cosifican a sí mismas para seducir al hombre. No se ofrecen como objetos pasivos, sino que son agentes activos de su propia cosificación”.

Justo antes había hecho mención al cambio de mentalidad respecto al feminismo del mayo del 68, “que tanto se celebra en esos días”. Recordó que los periódicos liberales de la época publicaron unas firmas que exigían descriminilización de la pedofilia. “No eran solo unos lunáticos marginados, entre ellos estaban Simone de Beauvoir, Sartre o Foucault”, enumeró.

“Reivindicaban la abolición de la frontera cultural y represiva que separaba la vida sexual de los niños de la de los adultos y que el derecho a disponer libremente del cuerpo debía extenderse a los menores. Hablaban específicamente de niños de 4-5 años”, explicó con cierta sorna. Toda esta introducción le sirvió para establecer las diferencias entre el feminismo encabezado por Germaine Greer en los sesenta y las feministas del me too, que “rechazan su tesis principal de que las mujeres deberían liberarse sexualmente de la dominación masculina y asumir una vida sexual activa sin entrar en el juego de las víctimas”.

“En Occidente somos muy conscientes de cuándo hay coacción y explotación en las relaciones sexuales. Pero tenemos que recordar que millones de mujeres, de forma cotidiana, flirtean y entran en un juego de seducción para obtener un compañero con el que hacer el amor”, puntualizó antes de proyectar la famosa escena del tonteo entre Ewan McGregor y Tara Fitzgerald en Tocando el viento (1996).
‘Tocando el viento’ (1996)

‘Tocando el viento’ (1996)

Aunque se manifiesta crítico con el legado del 68, “lo que sí que rechazo es esta idea que utilizan las feministas ahora de que la mirada masculina cosifica. Estoy a favor de la cosificación mutua. No debería ser una humillación, y esto es quizá uno de los mayores logros de la liberación sexual. Que las mujeres tengan el derecho, no a ser cosificadas por los hombres, sino a cosificarse a sí mismas. El problema es que deberían tener el control sobre el juego de la seducción”, afirmó.

En su opinión, ese “papel activo” de las mujeres es la libertad que molesta a los fundamentalistas de todo tipo. “Desde esos musulmanes que han prohibido que las mujeres toquen plátanos y otras frutas en televisión porque se relaciona con deseo, hasta nuestro chovinismo masculino que se indigna con una mujer que primero les provoca y luego rechaza el contacto sexual”, dijo haciendo referencia a los alegatos actuales sobre el consentimiento y la violencia de ciertos hombres ante el rechazo.

“Estoy a favor de la cosificación mutua. Es quizá uno de los mayores logros de la liberación sexual. Que las mujeres tengan el derecho, no solo a no ser cosificadas por los hombres, sino a cosificarse a sí mismas”.

Sin embargo, para equilibrar un poco la balanza, Žižek quiso citar también a Arthur Koestler y “recordar que la dominación patriarcal corrompe a sus dos polos. Incluso a las víctimas. Por consiguiente, debemos hablar de la manipulación femenina y la brutalidad emocional como una respuesta desesperada a la dominación masculina. Por supuesto, deben responder luchando como pueden, pero no estoy de acuerdo en imponer normas explícitas para controlar la sexualidad”, precisó.

Y terminó ofreciendo un consejo sobre lo que él haría “si fuese feminista, bueno, feminista mujer”: “Recordaría cómo muchas formas de la violencia masculina en la actualidad son reacciones desesperadas de impotencia social y económica. El caso más claro es Sudáfrica, que está batiendo todos los récords de violaciones. Esto no se puede entender sin atender a la situación desesperada, a la decepción de la mayoría negra y a la pobreza. Yo, si fuese una feminista radical, apuntaría esta cuestión”.

“Si fuese feminista mujer recordaría que muchas formas de violencia masculina son reacciones desesperadas de impotencia social y económica”.

La lección “feminista” de la pornografía

Saltando de debate en debate, y cada cual más polémico, Slavoj Žižek se introdujo de lleno en otra gran controversia del feminismo actual: la cosificación del cuerpo de la mujer en la pornografía.

“No tengáis miedo de recibir de mí una lección feminista. ¿Cuál sería el arquetipo fundamental de la pornografía hardcore? Para el chovinismo masculino, sería una mujer en la cama con las piernas hacia arriba y un hombre penetrándola. En casi todas las películas porno, el hombre esta instrumentalizado, no se le ve la cara. Pero la mujer siempre está mirando hacia la cámara y haciendo gemidos”, abordó con su peculiar estilo provocador.

“¿Cuál es la lección feminista de esto? El hombre es solo un instrumento, nadie se preocupa por él. Pero la mujer debe reafirmar su placer con gemidos y sonidos. Es erróneo decir que yo, como chovinista masculino viendo porno, me identifico con el penetrador. No, soy el observador que busca una prueba del placer de las mujeres. Es una una humillación aún peor para ellas: es peor ser subjetivada forzosamente y opresivamente que ser cosificada”, dijo incluyendo pinceladas sobre la perversión de Freud.

“Este es el chovinismo machista en su peor expresión: no solo explotamos a las mujeres, sino que queremos que nos pidan, que nos rueguen darles placer”.

El nuevo opio del pueblo: droga y populismo

En sus dos horas de discurso, el filósofo, escritor y filólogo esloveno abordó varios temas en profundidad y pasó por el márgen de otros que sería imposible enumerar al completo. Pero una de sus reflexiones más aplaudidas fue con la que comenzó la charla: “Me gustaría empezar con la conocida fórmula marxista de la religión es el opio del pueblo. En cierta parte es verdad, pero en el mundo occidental hay otras dos versiones del opio del pueblo que son mucho más actuales: el opio y el pueblo”.

La primera se referiría al uso común de las drogas, desde los antidepresivos hasta los narcóticos duros. “Estas intervenciones químicas son contradictorias: usamos las medicinas para mantener la excitación externa bajo control y desensibilizarnos. Pero luego también usamos drogas para generar una excitación artificial”, diferenció.

“En el mundo desarrollado, a nuestras vidas públicas le falta cada vez más excitación colectiva ofrecida por un compromiso político verdadero. De vez en cuando sucede: Podemos, Syriza, o Bernie Sanders en EEUU. Pero la política no es emocionante. Así que las drogas generan una eutanasia de la vida pública y una excitación artificial de la vida privada”.

“La política no es emocionante. Así que las drogas generan una eutanasia de la vida pública y una excitación artificial de la vida privada”.

La segunda y, según el propio pensador “menos celebrada”, sería el populismo. “El pueblo como un gran fetiche donde los antagonismos desaparecen. Pero ahora viene el problema: lo último de esta serie de opios es el antifascismo”, dijo para regodearse en su propio fanfarroneo. Sin embargo, como buen líder de izquierdas, pronto pulió esa afirmación: “El antifascismo de la nueva derecha es peligroso [dijo poniendo de ejemplo a Macron] porque provoca ceguera ante el hecho de que los lemas que antes eran de la izquierda están siendo adoptados por la derecha populista”.

Slavoj Žižek había advertido desde el primer minuto que intentaría dejar de lado esa imagen de provocador (que es gasolina para sus detractores) y “reservarla a la nueva derecha, la de Trump, ya que hoy la mayor provocación es ser amable y educado”.

Pero esto apenas llegó a ser un espejismo de corrección política. Le duró hasta que encadenó dos ideas seguidas bañadas de drogas, pornorafía y el deseo sexual de ser cosificados para volver a hablar como el Žižek de siempre. El único filósofo actual que, por odiado o por idolatrado, mueve masas.
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08/05/2018 – 20:54h

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Momentos incómodos de las celebrities
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(EnFemenino)
¿Sabías que estos famosos tienen la misma edad?

È necessaria una rivoluzione !


intervista a Moni Ovadia di Giacomo Russo Spena

“Il Paese è sotto ricatto dei politici, delle loro smanie personali. Ci sarebbe da circondare subito il Parlamento e urlare: fuori dai coglioni, tutti!”. Moni Ovadia è sconcertato, desolato e raggelato. Ma anche preoccupato. “La gente non si rende conto della gravità della situazione – spiega – Una volta i nostri politici erano nani sulle spalle di giganti, ora abbiamo omuncoli sulle spalle di ominicchi”. Una classe dirigente, secondo lui, da azzerare, dove nessuno ha una visione di società: “Passano il tempo a starnazzare nei talk show o a cercare accordi di potere, in questo teatrino nessuno ha più un progetto di società per rilanciare il Paese”.

La sentiamo alquanto alterato. Ma con chi ce l’ha?

Con tutti. Alle prossime elezioni non voto, rifiuto la scheda. Che cosa vuoi più votare? E lo dico io che ho sempre creduto nei valori costituzionali e che in 72 anni di vita mi sono sempre recato alle urne!

Lei è sempre stato un artista impegnato e un uomo vicino alla sinistra… è diventato un disilluso?

Per niente, però di certo non credo che la sinistra possa rinascere dal Pd. Sentivo Renzi in televisione, ancora che pontifica e dà lezioni. Come se non avesse imparato la lezione, dopo le varie batoste prese: ha quasi dimezzato il consenso del suo partito. In fondo, se ci pensiamo bene, il suo progetto era quello.

In che senso, scusi? Renzi perché mai dovrebbe giocare a perdere?

È un uomo culturalmente di destra, oltre ad essere assetato di potere. Il suo modello è Macron. Di cosa siamo parlando? Il Pd renziano ha tagliato completamente le radici con la storia della sinistra e del movimento operaio. Il suo scopo era distruggere ciò che esisteva di sinistra nel Paese. Ci è riuscito.

Ce l’ha con la terza via blairiana? Con quel modello di socialdemocrazia che ha abbandonato le ragioni di giustizia sociale abbracciando privatizzazioni, deregulation ed austerity?

Quella stagione è finita. Ha causato solo disastri. Ma almeno in Inghilterra è arrivato un vecchietto, Corbyn, che sta raddrizzando le cose. Da noi non c’è nulla.

Alle scorse elezioni aveva espresso simpatia per Potere al Popolo, ha cambiato idea?

Almeno lì c’è freschezza umana, voglia di ritornare sui territori abbandonati, di sperimentare pratiche di mutualismo. Ma sono ben cosciente che parliamo di un progetto ultra minoritario e marginale.

Qual è il suo giudizio sul M5S? Non è l’unico che sta provando a contrastare la vecchia politica?

Ma ci si può fidare del M5S?

Me lo dica lei…

Guardavo con attenzione e rispetto al M5S, per la loro volontà di contrastare l’establishment e le rendite politiche. Ma si sta giocando malissimo la partita: Di Maio non ha dimostrato di incarnare il “nuovo che avanza” rispetto agli altri né di essere refrattario ai giochini di potere. Con la politica dei due forni il M5S mi ha ricordato in qualche modo la vecchia Dc.

Non aveva i numeri per governare da solo. Cos’altro doveva fare il M5S?

Dovevano smascherare il bluff delle varie nomenklature e invece si sono messi a trattare con lo status quo finendo per essere inglobati dal Sistema e dalle sue logiche. Di Maio doveva mantenere il punto sui temi programmatici, focalizzandosi su alcuni nodi come corruzione, evasione fiscale, reddito di cittadinanza ed Europa.

Ripeto, non avevano i numeri…

E allora, data l’indisponibilità degli altri partiti, si cambiava legge elettorale e poi subito al voto. E invece Di Maio si è prestato al peggior teatrino politico dimostrando di soffrire di bulimia da governo.

Intanto mentre il presidente Mattarella era orientato ad un governo “neutrale” che portasse il Paese verso nuove elezioni, M5S e Lega hanno chiesto altre 24 ore per trovare un’intesa. Lo crede possibile?

Sarà un disastro. La catastrofe. Il M5S perderà la sua credibilità. Ma poi al governo per fare cosa? Mica si capisce. Tra l’altro, è il modo migliore per riabilitare Renzi.

Moni Ovadia, come se ne esce da questo stallo politico?

Va trasformata la gente, ripensata la società. Ci vuole una rivoluzione antropologica. Bisogna ribaltare le logiche ultra liberiste, quelle che portano alla devastazione del pianeta e all’arricchimento di pochi a danno dei molti. I tempi saranno pure lunghi, non vedo però scorciatoie.

Cambiamo discorso. Ha attaccato il Giro d’Italia per aver deciso di fare la prima tappa, simbolicamente, in Israele. Lei ha parlato di “Italietta che si è prestata a questa ulteriore e ingiusta sceneggiata”. Non crede di esagerare?

E’ da 70 anni che Israele perpetua ingiustizie nei confronti dei palestinesi e quello che più mi indigna è l’impunità internazionale. Può fare qualsiasi azione che viene sempre difesa e legittimata dalla comunità internazionale: siamo di fronte a gravi responsabilità degli Usa e alla pavidità dell’Europa. Per non parlare dell’Onu che sembra una banda di vigliacchi.

Secondo lei, Israele si sta trasformando in uno Stato confessionale?

Questo vorrebbero gli ultranazionalisti e i fanatici religiosi. Prendo in prestito le parole del giornalista ed intellettuale Gideon Levy il quale ritiene che, a parte la parentesi degli accordi di Oslo, Israele non vuole, né ha mai voluto, la pace in Medioriente. Non hanno mai riconosciuto la dignità e i diritti dei palestinesi. Sperano spariscano nel nulla.

Cosa ne pensa, invece, dei venti di guerra tra Israele e Iran alla luce della rottura dell’accordo sul nucleare iraniano da parte di Trump?

Non credo si arriverà mai ad una guerra. Piuttosto sono pretesti per giustificare la tensione bellicista e per garantirsi il controllo dei Territori occupati. Nella West Bank vivono ormai 700mila coloni: è impossibile, ormai, realizzare il sogno dei due popoli e due Stati. Infine, posso dire un’ultima cosa sulla vicenda?

Prego…

Trovo indegno catalogare per antisemiti tutti coloro che osano criticare le politiche di Israele. Come trovo insopportabile e immorale l’uso propagandistico della Shoah. Sono ebreo e antifascista, so cosa ha rappresentato per noi la Shoah e, nello stesso momento, sono consapevole che Israele sta marginalizzando e perseguitando i palestinesi nell’indifferenza della comunità internazionale. Fanno quel che vogliono senza che nessuno intervenga.

(9 maggio 2018)